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Cuidado de la piel a los veinte: por qué la sencillez es la clave para un envejecimiento saludable

La dermatóloga Paloma Borregón ha recordado esta semana, en declaraciones recogidas por The Objective, que una piel a los veinte años todavía conserva buena capacidad de regeneración, pero los…

Cuidado de la piel a los veinte: por qué la sencillez es la clave para un envejecimiento saludable

La dermatóloga Paloma Borregón ha recordado esta semana, en declaraciones recogidas por The Objective, que una piel a los veinte años todavía conserva buena capacidad de regeneración, pero los hábitos que se adquieren en esa etapa condicionan cómo envejecerá después. La especialista resume su postura en una fórmula breve: en este tramo de edad, menos es más. El aviso llega cuando arranca el debate estacional sobre qué activos incorporar tras el verano, un frente que también ha abordado esta semana la dermatóloga Andrea Combalía en Telva.

Colágeno presente, rutina básica

Borregón es clara al desgranar lo que considera imprescindible: a los veinte años, dado que la piel aún cuenta con colágeno de reserva y presenta pocos problemas cutáneos, la rutina debe limitarse a lo esencial. No hacen falta protocolos cargados ni activos formulados para pieles maduras, salvo que exista una particularidad que demande componentes específicos. El mensaje choca con la saturación de productos que las redes sociales suelen vender a esta franja de edad, pero coincide con lo que sabemos del estrato córneo joven: su función barrera y su tasa de recambio celular todavía funcionan con eficiencia, por lo que sumar activos potentes sin necesidad clínica suele traducirse en irritación o, en el mejor de los casos, en dinero desaprovechado.

El otro frente: recuperar la piel tras el verano

La conversación coincide con el cambio de estación, momento que la dermatóloga Andrea Combalía, del Hospital Clínic y autora de Piel sana in corpore sano (Grijalbo), aprovecha para revisar el estado cutáneo tras meses de exposición solar. En declaraciones a Telva, la doctora describe su propia rutina estructurada en cinco pasos.

Por la mañana: limpieza con agua micelar para retirar restos de la noche y células muertas acumuladas, sérum despigmentante con activos como el Thiamidol —que la piel tolera bien y no resulta fotosensibilizante—, contorno de ojos con ácido hialurónico para hidratación específica, y fotoprotección como cierre, en su caso con un maquillaje que combine color y alta protección solar.

Por la noche: doble limpieza con aceite y gel exfoliante, contorno de ojos de nuevo, y retinol al 0,5 % en emulsión. Combalía aclara que introduce el retinol cada noche porque su piel ya está acostumbrada, pero advierte de que quienes empiecen por primera vez con retinoides deben adaptar la frecuencia a la tolerancia individual, no copiarla de rutinas ajenas.

Qué revisar antes de copiar la receta

Ambas profesionales marcan dos polos útiles. Borregón fija el techo para pieles jóvenes —no saturar la rutina— y Combalía marca el suelo cuando hay daño acumulado: limpieza específica, activo despigmentante, retinización progresiva y fotoprotección sin excepciones. Antes de incorporar Thiamidol o retinol conviene confirmar el diagnóstico con un dermatólogo, sobre todo si tras el verano aparecen léntigos solares, efélides persistentes o alteraciones de textura. La constancia en fotoprotección y la introducción gradual de activos siguen siendo, según los datos publicados por ambas fuentes, las dos variables con más peso en el resultado a corto y largo plazo.